CHARLA A LA SANGHA

Buena mañana de Halloway. Tenéis un aspecto muy tranquilo, muy calmado y muy fresco. Estoy feliz de ver a todos vosotros. Habéis acudido desde distintos lugares, algunos desde muy lejos, para pasar un tiempo conmigo y os lo agradezco mucho.

Ya han pasado unos cuantos meses desde la última vez que nos reunimos en esta misma sala. El progreso que hayáis realizado en vuestra práctica es otra cuestión. El tiempo sigue pasando, sea como sea, y nos seguiremos encontrando una y otra vez, pero la esencia de nuestro vínculo está basada en el Dharma, y eso es de lo que vamos a hablar hoy.

Muchos de entre vosotros habéis sido mis estudiantes desde hace algunos años y nos estamos haciendo mayores juntos. Otros de entre vosotros acabáis de llegar. Es una buena combinación de las antiguas y nuevas generaciones de estudiantes, y es una sensación hermosa estar aquí juntos, en esta atmósfera tan agradable, porque de alguna manera todos tenemos claro cuál es nuestra motivación para seguir en el Dharma.

Primero de todo, el budismo es el camino y el objeto de lo que queremos cumplir siguiendo este camino, que está basado principalmente en el principio de ecuanimidad. Ecuanimidad en el sentido de querer ser felices y de no querer ser infelices.

Como todos, queremos ser felices. Yo quiero ser feliz, estar saludable, estar bien. Quiero evitar tener cualquier clase de emociones destructivas y negativas. Quiero evitar el dolor y el sufrimiento. De forma similar, todo el mundo quiere lo mismo. Desde este punto de vista somos todos iguales.

Desde ese punto de vista resulta muy fácil desarrollar amor compasivo, cuidado y compasión, no porque somos diferentes, sino porque somos iguales. De esta manera, el sentido de cuidado, de compasión, el hecho de trabajar con compasión por el bienestar de los demás, tiene sentido porque somos lo mismo. Nunca podríamos partir de una base que fuera diferente.

Si este principio se basara en un principio de desigualdad, esto no sería Dharma. Esta es la belleza del Dharma. Es bello, no por su complejidad, sino porque es muy simple. Porque queremos que los otros sean felices, es porque nosotros mismos también queremos ser felices.

De otra forma, si nosotros mismos nunca quisiéramos ser felices y deseáramos que los demás fueran felices, no sería algo muy saludable. De la misma manera que uno mismo no quiere ser infeliz ni miserable, tampoco queremos que los demás experimenten estas emociones. Esto es lo que le da sentido al Dharma.

La esencia del Dharma es la sabiduría y la compasión. A fin de realizar la sabiduría, ser más claros y menos confusos, tenemos que desarrollar compasión en primer lugar.

¿Por qué cualquiera desearía desarrollar sabiduría, tener más claridad y estar menos confuso, si no es, en primer lugar, para ser amable consigo mismo? ¿De qué nos serviría esa sabiduría si no fuera para ser más amables con nosotros mismos?

La razón por la que buscamos disipar nuestra confusión, aclarar la mente, es porque realmente nos preocupa, porque nos preocupamos por la paz, porque anhelamos paz y calma, anhelamos esta felicidad.

Este anhelo que tenemos por la paz y la serenidad no puede materializarse si no desarrollamos este sentimiento de amabilidad con nosotros mismos.

La sabiduría, en primer lugar, significa ser inteligentes, pero sin amabilidad ni compasión, ¿para qué nos sirve esta inteligencia? Arrogantemente inteligentes. ¿Cuál sería el propósito de esta inteligencia?

Hay mucha gente inteligente en el mundo, pero no hay suficiente bondad, no hay suficiente compasión. Mucha de la gente inteligente es gente loca. Gente inteligente con una cólera más inteligente, una agresión más inteligente, e incluso ni te das cuenta de que están siendo agresivos. ¿Cómo podríamos llamar a esto? “Me estás matando suavemente”.

La esencia de la sabiduría es la amabilidad. La compasión se desarrolla de tal manera que no está limitada solamente a uno mismo. No se trata de emociones conflictivas autodestructivas.

Debemos abrir nuestras limitaciones, romper los hábitos. Para esto se requiere la sabiduría, de tal manera que podamos entender la diferencia entre ser compasivos y estar deprimidos.

En la depresión la gente llora, y con la compasión la gente también llora. La diferencia entre ambos es enorme, pero desde un punto de vista exterior es mínima. Los dos tienen un aspecto muy triste.

La unión de sabiduría y compasión es el camino que se sigue en el budismo principalmente, y es lo que constituye la base del Dharma. Nos volveremos así menos confusos, menos egocéntricos, de manera que, sea lo que sea con lo que contemos, se convierta en una herramienta para ayudar a los otros, y a través de esta ayuda que brindamos a los demás, nos estamos ayudando también a nosotros.

La verdadera gente inteligente se ayuda a sí misma a través de ayudar a los demás. La gente menos inteligente se dedica simplemente a ayudarse a sí misma, y los realmente estúpidos no ayudan a nadie. Por eso es bueno ser inteligente de vez en cuando.

Cuando nos preocupamos por los demás, no nos estamos abandonando a nosotros mismos. Es importante entenderlo. Mucha gente se confunde y cree que cuando se ayuda a los demás nos olvidamos de nosotros mismos, pero esto no es cierto.

Parece que tenemos que huir de la sociedad o de nuestras responsabilidades, pero ¿quién puede realmente huir de sí mismo? ¡Nadie!

Los que piensan que pueden huir de sí mismos simplemente están jugando, pero podemos cuidar mejor de nosotros mismos. Como no podemos huir de nosotros mismos, tenemos dos opciones: o bien nos convertimos en nuestro peor enemigo o nos hacemos lo más amigos posible de nosotros mismos. De ninguna de las dos formas nos estamos abandonando.

En el budismo, cuanto más nos abrimos a los demás, más nos ayuda a hacernos más amigos de nosotros mismos, y cuanto mejor nos relacionamos con nosotros mismos, mejor nos relacionamos con los otros.

Está claro que no podemos huir de nosotros mismos, pero también está claro que tenemos la capacidad de no convertirnos en nuestro peor enemigo. Por esa razón no existe ninguna razón para que nos sintamos solos, no hay motivo para sentir frío, no es necesario beber sidra para calentarnos, aunque ¡a veces pueda ser divertido!

Dicho de manera muy simple, la esencia del Dharma es la sabiduría y la compasión, y esto empieza con el pensamiento de la ecuanimidad. El hecho es que no somos distintos, por eso tenemos razones para cuidar de los demás.

Por esta razón todo el mundo tiene la posibilidad de alcanzar la iluminación, de la misma manera que todo el mundo tiene la capacidad de estar muy confuso.

Para seguir en la confusión no necesitamos ayuda. ¡Nos bastamos a nosotros mismos! ¡Somos autosuficientes! Pero para alcanzar la iluminación necesitamos ayuda.

La ayuda viene de dos maneras: externa e interna. También se le puede llamar el guía externo y el guía interno.

En el camino budista, la guía externa se manifiesta en tres formas: Buda, Dharma y Sangha.

El Buda es el fundador de este camino de sabiduría y compasión. El Buda, que es el guía de nuestra época, personifica en sí la perfección de la sabiduría y la compasión.

Lo que el Buda representa es la perfección de la sabiduría y la compasión, que es un potencial inherente a nosotros. Es la fuente de inspiración, de bendiciones, la fuente del camino y la fuente de todo lo bueno.

El Dharma son sus enseñanzas, sus palabras, las herramientas, las prácticas que, si ponemos en práctica, nos llevarán al perfeccionamiento de la sabiduría y la compasión.

La Sangha es la comunidad de practicantes que comparten este camino, la devoción colectiva, la confianza colectiva y la aspiración que sirven de apoyo para avanzar en el camino.

El que trae el karma, las posibilidades y la conexión, el que crea esta conexión con la sabiduría, la compasión y las Tres Joyas, es el maestro.

De esta forma, en referencia a la guía externa, tenemos las Tres Joyas: Buda, Dharma, Sangha y el Guru. De todo esto, lo más importante es el Guru.

Sin embargo, este guía externo no es suficiente. La forma en que funciona es que esta guía externa debe despertar el guía interior.

Esta guía interna es la amabilidad y la compasión y, en última instancia, la sabiduría.

El puente entre los dos, el que lleva a la unión entre la guía externa y la guía interna, es la confianza, la seguridad y la devoción.

¿Qué papel juegan la confianza y la devoción en el budismo? Traen la unión de las dos guías, externa e interna.

De esta forma, cuanto más nos implicamos en practicar las instrucciones del guía externo, más surge la guía interna, más amabilidad, más confianza y más bondad surgen, y esto, a su vez, hace que las emociones conflictivas vayan disminuyendo y, como resultado, estemos más en paz.

Cuanto más se desarrolla a nivel interno esta calidez, esta bondad, más hace que se desarrolle la confianza y devoción en la guía externa.

En las enseñanzas budistas, lo importante no es que se desarrolle la confianza en el guía externo, sino que se desarrolle la confianza en el guía interno. De otra forma, nada cambiaría.

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