CONSEJOS DE COMO ACOMPAÑAR A UN MORIBUNDO

¿Cómo poder ayudar a alguien que está en el proceso de morir? Ese alguien puede que sea tu pariente o tu amigo, alguien próximo de la familia. Si es alguien próximo, es aconsejable focalizarnos completamente en la persona que estamos ayudando, sea nuestra mujer, marido, hijo, padre o madre, desarrollando un sentimiento de amabilidad, de bondad hacia esa persona, porque el momento de la muerte es el fin de la vida y tener reproches que hacerse en ese momento no es algo muy aconsejable.

Cuán cerca podemos estar y cuán cómodos nos vamos a sentir con la persona que está a punto de morir dependerá de la manera en que nos hayamos relacionado con ella durante la vida. No podemos pretender sentirnos completamente bondadosos y con la capacidad de perdonar en el momento de la muerte si durante toda nuestra vida hemos estado en lucha, discutiendo y generando conflictos en vez de tener una relación amigable.

De vez en cuando tenemos que reflexionar que la vida es impermanente y que, si estamos juntos —padres, hijos—, es porque hay algo más detrás. Tenemos elementos kármicos que nos han reunido en esta vida, y aunque el karma nos ha juntado, la vida es tan impermanente que no podemos saber cuánto tiempo vamos a estar juntos.

El tercer punto para reflexionar es que todos podemos cometer errores. No es el hecho de que una sola persona se pueda equivocar, sino que cualquier persona, en cualquier situación, se puede equivocar. Esta es siempre una parte que nos concierne.

El cuarto punto es reflexionar que, en medio de una situación tensa, de una disputa violenta con cólera, celos o lo que sea, la gente siempre va a decir o hacer cosas locas. La gente se vuelve loca en ese momento de cólera, con el acaloramiento del momento, y dice cosas que no diría en la vida cotidiana, en un estado normal. Pero esto no significa que esa persona no tenga nada bueno en ella ni que vaya a estar así para siempre.

Así, si pensáis en todos estos factores, veréis que siempre es posible entrar en conflicto o enfadarse, pero la cuestión es dejarlo marchar y no quedarse en ese estado durante mucho tiempo. Estar abiertos y con un corazón bondadoso unos con otros. Nos encontraremos en situaciones que requieren compromiso y hay que aceptarlo. Es importante asegurarse de que hay más momentos de ternura que de amargura, porque, si no, ¿qué sentido tiene establecer relaciones?

A menudo hay relaciones que se detestan cuando están juntas y luego, cuando se separan, son buenos amigos. ¡No lo puedo entender! Hace un momento no podíais toleraros, y luego, una vez separados, os apoyáis. Si podéis ser buenos amigos ahora, también había la posibilidad de serlo antes.

Reflexionar en estas cosas con vuestros padres, hermanos, hijos o amigos, sin necesidad de abarcar a todo el mundo.

Nosotros estamos en el camino del Dharma, nos llamamos practicantes budistas, y como tales se espera que seamos un poco mejores. Esto hace una pequeña diferencia.

Una persona samsárica, ordinaria, se deja llevar por su cólera. Si tú, como budista, haces lo mismo, ¿cuál es la diferencia?

Poco a poco, intentar desarrollar bondad. En todo caso, evitar manifestar la cólera.

Es bueno hablar de la bondad de la persona cuando está todavía viva. Cuando la persona muere, decimos: “Oh, era tan buen, tenía esta cualidad, esta otra”, ¡vamos!, ¡ahora está muerto! Mantener un buen contacto en vida hará mucho más fácil el momento de la muerte.

Cuando la persona muere, intentar ayudarla a sentirse cómoda, hablando con ella de la impermanencia, de la muerte y de lo que está a punto de pasar. Hay personas que saben lo que ocurre, pero no son capaces de expresarlo; es importante ayudarlas a hablar.

Si la persona no es budista, no podemos forzar una conversación, pero sí acompañarla con escucha y abrir poco a poco el tema de la muerte.

Es importante que la persona sienta que no está sola, que puede aceptar lo que ocurre con tranquilidad. Muchas veces hay emociones no resueltas, culpas o resentimientos.

Es importante decirle que lamentáis lo ocurrido y entrar en un proceso de perdón.

No es momento de discusiones. La persona necesita sentirse confortable. Hay aspectos de la personalidad que no pueden cambiarse en ese momento, y hay que aceptarlo.

Ante dificultades de comunicación, intentar cualquier actitud que haga que la persona se sienta cómoda.

Hablar a la persona sobre la luz, el proceso de la muerte y la luminosidad. Evitar superficialidades.

Si es budista, recitar plegarias, poner imágenes sagradas y acompañar con prácticas.

Sostener la mano de la persona ayuda mucho, tanto física como emocionalmente.

Hablarle al oído: “No tengas miedo, déjate ir”.

Tras la muerte, mantener el cuerpo en reposo un tiempo si es posible.

Durante los días posteriores, realizar plegarias y rituales según la tradición.

Encender velas y ofrecer luz como guía.

Durante 49 días, mantener prácticas dedicadas.

Lo más importante es ver este proceso como una enseñanza para nosotros mismos.

Evitar conflictos en ese periodo y permitir que la persona muera en paz.

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